• Descargar informe técnico

“Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen…”

  • Entre mayor comunicación y armonía exista en el ambiente familiar, el desarrollo de sus integrantes será más positivo. Hay familias que por el contrario, forman un ambiente familiar negativo, pelean o discuten constantemente y caen en un círculo de violencia, lo que origina un entorno hostil que afecta a los hijos. También existen entornos mixtos, donde el ambiente es a veces positivo y en otro negativo. Si hay conocimiento de esta situación, los padres tendrán mayor posibilidad de encauzar a sus hijos hacia un buen entorno.Aprender técnicas para hablar para que los niños escuchen y escuchar para que los niños hablen, es un entrenamiento que requiere de tiempo, puesto que significa romper con esquemas de crianza que han sido grabados desde antes de ser papás, lo que implica un esfuerzo consciente y mantenido para lograr los resultados anhelados.Primero se debe evitar negar los sentimientos de los hijos pues aprenden a desconfiar en sus percepciones y a confiar en las del adulto, lo cual daña su autopercepción. Los padres por lo común no aceptan los sentimientos de sus hijos, por ejemplo:-“En realidad tú no te sientes así”-“Simplemente dices eso porque estás cansado”

    -“No hay ninguna razón para que estés tan alterado”

    La constante negación de los sentimientos puede confundir y encolerizar a los niños, pues enseña a no saber cuáles son sus sentimientos…a no confiar en ellos.

     

    Se sugiere:

    1. Escuche con toda atención
    2. Acepte sus sentimientos con una palabra
    3. Deles un nombre a los sentimientos de sus hijos

     

    Ejemplo:

    -¡Vaya sí que pareces estar muy enojado!

    -¡Eso debió ser una decepción para ti!

    -“Hmm, parece que tienes ciertas dudas acerca de asistir a la fiesta”

    -“Me da la impresión de que en verdad resientes todas esas tareas escolares”

    -“El hecho de que una amiga muy querida se mude a otra parte, puede ser bastante frustrante”

     

    Más importante que cualquier palabra es nuestra actitud, si nuestra actitud no es compasiva, cualquier cosa que digamos nuestros hijos la percibirán como algo falso o manipulación.

    Enseñar a nuestros hijos un vocabulario que le permita observar su realidad interior…y una vez  que haya comprendido con claridad esa realidad, tendrá la fuerza necesaria para enfrentarse a ella.

    El reconocimiento de los sentimientos brinda consuelo a los hijos y los dejan en libertad para empezar a enfrentarse a sus propios problemas. Debemos resistir la tentación de mejorar las cosas al instante y darles tiempo para que lo logren por sí mismos.

    Tomado del libro: “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen…” de Adele Faber y Elaine Mazlish, Editorial Diana.

Psicóloga LÍDICE LAZCARRO SALGADO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *